El sábado 3 de octubre se inauguró el show en en la Casa de Cultura de Llanes.
¿Has pensado cuál es la última imagen que has visto antes de entrar en esta exposición? ¿Y cuál fue la última que te hizo reír? Puede haber sido una imagen de buenos días, con flores y un amanecer, que te ha mandado tu tía Loli al grupo familiar de WhatsApp, un perro bailando o una persona disfrazada de Mario Bros. Tal vez ni siquiera podemos nombrarla ahora, ni siquiera recordarla. En la era de Internet, más que nunca, vivimos rodeados de imágenes. Una fotografía, un meme o un sticker pueden convertirse en una referencia compartida por millones de personas y desaparecer con la misma rapidez. Las consumimos, las guardamos, las olvidamos y, a veces, volvemos a encontrarlas. Se acumulan hasta formar parte de nuestra manera de mirar, de recordar y de relacionarnos con el mundo. ¿Qué ocurre cuando algunas de ellas, también las destinadas a desaparecer, entran en la pintura?
Esto es lo que sucede en la obra de Carleti López Traviesa. Muchas de las figuras que aparecen en sus cuadros ya forman parte de nuestra cultura visual antes incluso de que lleguemos a ellas. Carleti las recoge, las cruza y las transforma, poniendo en relación aquello que nos rodea con referencias de la historia del arte, la cultura popular o la vida cotidiana. Un meme puede convivir con una obra reconocible, un personaje popular con un artista consagrado, un objeto corriente con aquello que alguien nos enseñó a considerar digno de ser contemplado. En sus cuadros, unas imágenes se encuentran con otras sin que importe demasiado de dónde vienen o qué lugar se supone que deberían ocupar. Hay en ellos una mirada irónica e irreverente hacia la solemnidad con la que tantas veces nos hemos acercado al arte, una forma de quitarle seriedad a aquello que tradicionalmente hemos aprendido a mirar con respeto. Si nuestra cultura visual se construye también a partir de aquello que encontramos cada día, todo ello puede formar parte del arte.
Más allá de Internet, se trata de la vida cotidiana: de aquello que puede parecernos demasiado banal o superficial para convertirse en una obra y que, sin embargo, ocupa buena parte de nuestra existencia. También de aquello que nos hace reír y que reconocemos inmediatamente. Esta convivencia de referencias hace que los cuadros de Carleti no se agoten en una única lectura. Una imagen puede bastar para detenerse ante un cuadro y, después, aparecer otra referencia, un juego que se nos había escapado o una conexión que solo se revela al mirar un poco más. No hace falta reconocer todos sus referentes para entrar en ellos: cada persona llega con sus propias imágenes, recuerdos y asociaciones, y encuentra en los cuadros algo diferente. Un niño puede reconocer una imagen, alguien familiarizado con la historia del arte puede descubrir otra y otra persona puede simplemente sonreír ante algo que le resulta conocido. Todas esas miradas caben en el mismo cuadro.
Quince años después de haber expuesto en Llanes, Carleti vuelve a este lugar desde una práctica diferente, presentando ahora cuadros en lugar de grabados y un lenguaje que también ha cambiado. También nosotros llegamos de otra manera: con nuestras propias imágenes, recuerdos y asociaciones, con un archivo visual que se ha ido formando a lo largo de estos años y que inevitablemente se encuentra ahora con el suyo. Tal vez ahí esté una de las preguntas que deja esta exposición: ¿qué ocurre cuando todas esas imágenes que forman parte de nuestra vida se encuentran con las de Carleti? ¿Qué reconocemos, qué descubrimos y qué nuevas relaciones establecemos entre ellas? Me pregunto cuántos cuadros pueden surgir, también, de esa relación que vamos a tener nosotros con sus obras y sus protagonistas.
Ainhoa Janices Estraviz